Hombrecitos
Hombrecitos Sonó la campana, y todos, en bullicioso tropel, bajaron al comedor. La comida resultó animadísima; cada uno de los niños dio a Daisy una lista de las cosas que deseaba comer, tan pronto como las mereciera a título de premio. La pequeña estaba dispuesta a guisar de todo, siempre y cuando su tía le enseñase. La tía Jo se inquietó, pues oyó hablar de platos desconocidos: pastel de bodas, ojos de buey en dulce, sopa de coles con arenques y cerezas y otras comidas que el señor Bhaer enumeró como de su predilección:
Aquella tarde los niños estuvieron amabilísimos con Daisy; Tommy le ofreció los primeros frutos de su jardín, aun cuando hasta entonces en el jardín sólo se veían cardos silvestres; Nat se brindó a proveerla gratuitamente de leña; Zampabollos se mostró resuelto a trabajar en cuanto la cocinerita le ordenara; Ned anunció que iba a fabricar una heladera para la cocina, y Medio-Brooke, tanto y tanto rogó y tan afectuosamente se prestó a auxiliar, que se le concedió el alto privilegio de encender la lumbre, de hacer recados y de contemplar el progreso de la comida. La tía Jo lo dirigía todo, yendo y viniendo mientras colocaba cortinas limpias en toda la casa.