Mujercitas
Mujercitas —Beth, ¿por qué no dejarnos de estudiar un tiempo y nos dedicamos a jugar y descansar, como ellas? —propuso Amy.
—Si a mamá no le importa, yo no tengo inconveniente. Quiero aprender algunas canciones nuevas y arreglar a mis niñas para el verano; están en muy mal estado y necesitan ropa nueva.
—¿Nos das permiso, mamá? —preguntó Meg volviéndose hacia la señora March, que estaba cosiendo, sentada, en el que todas llamaban «el rincón de Marmee».
—Podéis probar durante una semana y ver qué pasa. Creo que el sábado por la noche habréis llegado a la conclusión de que solo jugar es tan malo como solo trabajar.
—¡Oh, no! Estoy segura de que a mà me parecerá una delicia —elijo Meg, encantada.
—Bien, propongo un brindis. Como dice la buena de Sairy Gamp, «¡Más alegrÃa y menos tonterÃas!» —exclamó Jo, que se puso en pie y alzó el vaso mientras servÃan otra ronda de limonada.
