Mujercitas

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No eran conscientes de que las dificultades sirven para poner a prueba el carácter y, una vez olvidada la emoción inicial, se dijeron que ya habían hecho suficiente y que podían rebajar la exigencia. Y así lo hicieron. Cometieron el error de dejar de trabajar, y aprendieron la lección a través de la angustia y el arrepentimiento.

—Meg, ¿por qué no vas a visitar a los Hummel? Mamá nos pidió que siguiésemos en contacto con ellos —recordó Beth a los diez días de la partida de la señora March.

—Ahora estoy demasiado cansada —contestó Meg, que se balanceaba plácidamente en la mecedora mientras cosía.

—Y tú, Jo, ¿podrías ir? —preguntó Beth.

—Hace mal tiempo y recuerda que estoy resfriada.

—Creía que ya estabas casi recuperada.

—Estoy bien para salir con Laurie, pero no lo suficiente como para ir a casa de los Hummel —explicó Jo entre risas, aunque avergonzada por su incoherencia.

—¿Y por qué no vas tú? —propuso Meg.

—Yo he ido todos los días, pero el pequeño está enfermo y no sé qué hacer por él. Lottchen lo cuida mientras la señora Hummel va a trabajar, pero el crío está cada vez peor y creo que sería conveniente que Hannah o alguna de vosotras lo viera.


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