Mujercitas
Mujercitas —Está bien, entonces supongo que será mejor que vaya —dijo Amy de mala gana.
—¡Buena chica! Llama a Meg y explÃcale que te rindes —indicó Laurie, y le dio una palmada de aprobación que molestó a Amy mucho más que oÃrle hablar de rendición.
Meg y Jo bajaron corriendo a presenciar el milagro y Amy, que se sentÃa el colmo de la bondad y el sacrificio, aceptó marcharse si el doctor confirmaba la enfermedad de Beth.
—¿Cómo está nuestra querida niña? —preguntó Laurie, que sentÃa predilección por Beth y estaba más preocupado de lo que querÃa mostrar.
—Está acostada en la cama de mamá y se encuentra algo mejor. La muerte del niño la ha afectado mucho, pero creo que lo único que tiene es un constipado. Hannah dice que también lo cree, pero parece preocupada y eso me inquieta —explicó Meg.
—¡Qué dura es la vida! —exclamó Jo mesándose el cabello, nerviosa—. No hemos terminado de salir de un problema y ya estamos en otro. Si nos falta mamá, nada funciona. Me siento perdida.
—Bueno, que parezcas un erizo no ayudará. Arréglate el peinado, Jo, y decidme si queréis que le envÃe un telegrama a vuestra madre o haga alguna otra cosa —dijo Laurie, que no acababa de aceptar nada bien que su amiga hubiese perdido su mayor atractivo.