Mujercitas

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—Sí, no lo hace del todo mal… ¡para ser un chico! —añadió Meg con desgana, porque el tema no despertaba su interés.

El doctor Bangs fue y confirmó que Beth tenía síntomas de escarlatina, pero dijo que suponía que no la tendría demasiado fuerte. Sin embargo, cuando le contaron la historia de los Hummel, se puso muy serio. En cuanto a Amy, estuvo de acuerdo en que debía marcharse de inmediato y le recetó un medicamento para prevenir cualquier peligro, tras lo cual Jo y Laurie la acompañaron a casa de la tía March, que los recibió con su característica hospitalidad.

—¿Qué queréis ahora? —preguntó mirándolos con severidad por encima de sus lentes, mientras el loro, posado en el respaldo de su silla, gritaba: «Fuera de aquí, los chicos no pueden entrar».

Laurie se fue hacia la ventana y Jo explicó a la tía lo ocurrido.

—¿Qué otra cosa se podría esperar si os dejan meter las narices en casa de los pobres? Amy se puede quedar aquí y ayudarme, si no cae enferma, lo que no dudo que ocurra… porque ya tiene mala cara. No llores, niña, me molesta mucho oír gimotear a la gente.


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