Mujercitas
Mujercitas —El dinero es útil y bueno, Jo. Deseo que a mis hijas nunca les falte ni les tiente tener demasiado. Me gustarÃa que John encontrase un buen trabajo que le permitiera ganarse bien la vida y ofrecer un hogar confortable a Meg. No anhelo grandes fortunas para vosotras, ni una buena posición social ni un tÃtulo. Si el rango y el dinero llegan de la mano del amor y la virtud, bienvenidos sean, disfrutadlos. Pero sé por experiencia propia que en un hogar sencillo, en el que se trabaja para ganar el pan, se puede ser muy feliz, y que sufrir pequeñas privaciones ayuda a valorar más lo que se tiene. No me importa que Meg lleve una vida sencilla porque, si no me equivoco, dispondrá de la mejor riqueza: el corazón de un hombre bueno. Y ésa es la mejor de las fortunas.
—Te comprendo, mamá, y estoy de acuerdo contigo, pero me siento decepcionada porque tenÃa mejores planes para Meg. Esperaba que se casase con Teddy y viviese rodeada de lujo. ¿Acaso no serÃa magnÃfico? —preguntó Jo con brillo en los ojos.
—Él es más joven que ella… —empezó la señora March.
—Eso no importa —la interrumpió Jo—. Es un muchacho muy maduro para su edad y es alto. Y, cuando quiere, sabe comportarse como un adulto. Además, es rico, bueno y generoso y nos quiere a todas. Creo que es una pena que mi plan se haya echado a perder.