Mujercitas
Mujercitas Jo apenas la escuchaba porque, al igual que su madre, trataba de leer la nota, escrita a mano y con una letra muy rara.

Mi querida Margaret:
No puedo seguir negando mi pasión y necesito conocer mi suerte antes de volver. Todavía no me he atrevido a decir nada a tus padres, pero creo que cuando sepan que nos queremos nos darán su consentimiento. El señor Laurence me ayudará a conseguir un buen puesto y, entonces, mi dulce amada, podremos ser felices. Te imploro que no le digas nada a tu familia aún y que me mandes unas palabras de esperanza a través de Laurie.
Tuyo afectuosísimo,
JOHN
—¡Oh, qué malvado! Así es como me paga por cumplir la promesa que le hice a mamá. Iré a darle un buen escarmiento y le traeré para que implore perdón —exclamó Jo, dispuesta a tomarse la justicia por su mano de inmediato.
Pero su madre la retuvo, diciendo, con un semblante que pocas veces le habían visto:
—Jo, detente, antes debes dar alguna explicación. Has cometido tantas travesuras que temo que tengas algo que ver en esto.