Mujercitas
Mujercitas —Veo que es usted una experta en la materia, señora —apuntó Laurie en tono de superioridad—. Aunque a veces parezca lo contrario, a los hombres no nos gustan los flirteos ni las salidas de tono. Los caballeros siempre se refieren a las jóvenes hermosas y modestas con el mayor de los respetos. ¡Dios te conserve la inocencia! Si ocupases mi lugar durante un mes, no saldrÃas de tu asombro. Te doy mi palabra de que cuando me encuentro con jóvenes escandalosas me entran ganas de citar a nuestro amigo Cock Robin: «¡Al diablo contigo, descarada revoltosa!».
Era imposible no echarse a reÃr al ver cómo Laurie trataba de resolver el dilema que le creaban, por un lado, su reticencia de caballero a hablar mal de las mujeres y, por otro, su espontánea antipatÃa hacia los disparates poco femeninos que tanto menudeaban entre las jóvenes de buena sociedad. Jo sabÃa que muchas madres consideraban al «joven Laurence» un buen partido, que sus hijas le sonreÃan y que mujeres de todas las edades le alababan tanto que era casi imposible que no se convirtiese en un petimetre. SentÃa celos y temÃa que lo echaran a perder, por lo que le alegró mucho descubrir que seguÃa prefiriendo a las jóvenes recatadas. Adoptó nuevamente un tono admonitorio para decir en voz baja:
—Teddy, si has de dar salida a tus sentimientos, escoge a una joven «hermosa y modesta» a la que puedas respetar y no pierdas el tiempo con niñas tontas.