Mujercitas
Mujercitas Pero Jo habÃa tomado una decisión y, tras ponderarla durante unas dÃas, resolvió comunicársela a su madre.
—El otro dÃa, me preguntaste por mis deseos, Marmee. Pues bien, quiero compartir contigo uno de ellos —dijo cuando estaban solas—. Me gustarÃa pasar el invierno fuera de casa para cambiar de aires.
—¿Por qué? —preguntó la madre mirándola como si temiese que aquellas palabras tuviesen un sentido oculto.
Sin levantar la vista de su labor, Jo contestó muy seria:
—Quiero conocer algo nuevo. Estoy inquieta y me apetece ver, hacer y aprender más cosas. He estado demasiado centrada en mi pequeño mundo y necesito cambiar de aires. Si puedes prescindir de mà durante el invierno, me gustarÃa alejarme un poco del nido y alzar el vuelo.
—¿Y adónde irás?
—A Nueva York. Ayer se me ocurrió una idea, verás… ¿Recuerdas que la señora Kirke te escribió para pedirte que la ayudases a encontrar una joven que cosiese e hiciese de institutriz para sus hijos? Es bastante difÃcil encontrar a una persona adecuada, pero creo que yo podrÃa encajar en el puesto con un pequeño esfuerzo.