Mujercitas
Mujercitas Al decir esto, se acercó un poco y volvió a parecer el Laurie de siempre. Amy sintió que el miedo que a veces pesaba sobre su corazón disminuía porque la mirada del joven, sus gestos y aquel «querida» la hicieron sentir que, de ocurrir algo malo, no estaría sola en un país extraño. Al poco rato, reía mientras mostraba a Laurie una caricatura de Jo con su «traje de escribir», el lazo bien erguido sobre el gorro y la siguiente frase saliendo de su boca: «¡Genio en plena ebullición!».
Laurie sonrió, lo cogió y lo guardó en el bolsillo de su abrigo «para que no se lo llevase el viento», y escuchó con interés a Amy, que, muy animada, leyó en voz alta una carta.