La hipótesis del amor
La hipótesis del amor —No es egoísmo. Es tener prioridades.
La franqueza de Adam la hizo detenerse. No estaba acostumbrada a que alguien la enfrentara de esa manera, y ciertamente no esperaba que viniera de él.
—¿Y cuál es tu prioridad, Carlsen? —preguntó finalmente, con una pizca de desafío en su voz.
Adam la miró, y por un segundo, pareció que las palabras se acumulaban en su garganta antes de salir. Pero todo lo que dijo fue: —No malgastar mi tiempo.
Era una respuesta típica de él, pero había algo más en su tono, algo que Olive no podía descifrar del todo. La sensación de que Adam veía más allá de la fachada que ella mantenía cuidadosamente.
El supuesto experimento continuó complicándose cuando un importante congreso científico en Boston se convirtió en el epicentro de su pequeña farsa. Allí, bajo el escrutinio de colegas y rivales, tuvieron que actuar como una pareja perfecta. Una sonrisa por aquí, una mirada cómplice por allá. Pero la cercanía forzada trajo consigo una incomodidad que ninguno de los dos esperaba.
La chispa de tensión se encendió una noche, en el vestíbulo del hotel, cuando Olive tropezó con Adam mientras trataba de evadir a un grupo de profesores que parecían encantados de interrogarla sobre su trabajo.
—¿Otra vez huyendo? —preguntó Adam, su voz cargada de una mezcla de ironía y genuina curiosidad.
