La teoría de los archipiélagos
La teoría de los archipiélagos Martín sabía que encontrarla no sería fácil, si es que seguía viva. Lo que buscaba no era solo un rostro, sino una conexión que parecía haber sido enterrada bajo años de distancia y silencio. Pero había algo en su pecho que lo impulsaba, un tic-tac constante que le recordaba que esta era su última oportunidad. El reloj que llevaba dentro no se detendría por nadie.
Se detuvo frente a una fuente en el centro del pueblo, el lugar donde solían reunirse en las noches de verano. El agua seguía fluyendo, pero para Martín, solo el tiempo parecía haberse congelado.
―Candela ―susurró, como si el aire pudiera llevar su voz hasta ella.
Al regresar al hostal, la dueña lo observó con una mezcla de curiosidad y lástima. Martín sabía que su rostro decía más de lo que quería. A solas en su habitación, abrió finalmente el cuaderno y recorrió con los dedos las páginas amarillentas. Allí, en el papel, estaba la isla que había perdido. Una isla que quizá, con suerte, podría encontrar de nuevo.
