Divina Comedia
Divina Comedia —Detente y haz que en ti se fijen las miradas de esos otros mal nacidos cuyos rostros no has visto aún, porque han caminado hasta ahora en nuestra misma dirección.
Desde el vetusto puente contemplamos la larga fila que hacia nosotros venía por la otra parte y que era igualmente castigada por el látigo. El buen Maestro me dijo, sin que yo le preguntara nada:
—Mira esa gran sombra que se acerca y que, a pesar de su dolor, no parece derramar ninguna lágrima. ¡Qué aspecto tan majestuoso conserva aún! Ése es Jasón, que con su valor y su destreza robó en Cólquide el vellocino de oro. Pasó por la isla de Lemnos, después que las audaces y crueles mujeres que la habitaban hubieran dado muerte a todos los varones; y allí, con sus artificios y sus halagüeñas palabras, engañó a la joven Hipsipila, que antes había engañado a todas sus compañeras, y la dejó encinta y abandonada. Por tal culpa está condenado a este martirio, que es también la venganza de Medea[148]. Con él van todos los que han cometido igual clase de engaños. Bástete, pues, saber esto de la primera fosa y de los que en ella son atormentados.