Divina Comedia
Divina Comedia —No se ocupe ya más tu pensamiento de la suerte de ese espÃritu; piensa en otra cosa y quédese él donde está. Lo he visto al pie del puente señalarte y amenazarte airadamente con el dedo y oà que lo llamaban Geri del Bello; pero tú estabas tan distraÃdo con el que gobernó Hautfort que, como no miraste hacia donde él estaba, se marchó.
—¡Oh, mi GuÃa! —dije yo—. Su violenta muerte, que no ha sido aún vengada por ninguno de nosotros, partÃcipes de la ofensa, le ha causado indignación. He aquà por qué, según presumo, se ha ido sin hablarme; y ésta es la causa de que me inspire más compasión[220].