Divina Comedia

Divina Comedia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Hermano, el mundo es ciego y se conoce que tú vienes de él. Vosotros los vivos hacéis estribar toda causa en el Cielo, como si él imprimiera por necesidad su movimiento a todas las cosas. Si fuese así, quedaría destruido en vosotros el libre albedrío y no sería justo que se compensara el bien con goces y alegrías y el mal con llanto y luto. El Cielo inicia vuestros movimientos; no quiero decir todos; pero aunque así lo dijese, os ha dado luz para distinguir el bien del mal. Os ha dado también el libre albedrío, que aun cuando se fatigue luchando los primeros combates con el Cielo, después lo vence todo si persevera en el buen propósito. A mayor fuerza y a naturaleza mejor estáis sometidos, sin dejar de ser libres; y ella crea vuestro espíritu, que no está bajo el dominio del Cielo. Así, pues, si el mundo se aparta del verdadero camino, vuestra es la culpa y en vosotros debe buscarse, como ahora te probaré con toda veracidad. Sale el alma de manos de su Creador, que la acaricia antes de que exista, semejante al niño que entre el llanto y la risa balbucea; y es entonces una simplecilla, que nada sabe y, solamente movida por el instinto de la felicidad, se inclina gustosa hacia lo que la contenta y regocija. En seguida, siente placer en los bienes más mezquinos, aunque en esto se engaña, y corre tras ellos si no tiene guía o freno que tuerza su inclinación. Por eso es necesario establecer leyes que sirvan de freno y tener una guía que sepa discernir al menos entre la altura y la llanura. Las leyes existen, pero ¿quién se cuida de su cumplimiento? Nadie; porque el pastor que precede a las almas puede rumiar, pero no tiene la pezuña hendida. Por lo cual, viendo todo el rebaño a su pastor cebarse únicamente en aquellos bienes de que él es tan codicioso, se apacienta de los mismos y no pide más. Bien puedes ver, por esto, que en el mal gobierno estriba la causa de que el mundo sea culpable, y no en que vuestra naturaleza esté corrompida[107]. Roma, que hizo bueno al mundo, solía tener dos soles que iluminaba uno y otro caminos, el del mundo y el de Dios. Uno de los dos soles ha oscurecido al otro y la espada se ha unido al báculo pastoral; así juntos, por fuerza deben ir las cosas de mala manera; porque estando unidos, no se temen mutuamente[108]. Si no me prestas crédito, pon mientes en los frutos, pues toda hierba se conoce por su semilla. En el país que bañan el Po y el Adigio solía encontrarse valor y cortesía antes de que Federico comenzase la contienda[109]. Hoy todo aquel que quisiera acercarse por aquellas provincias para hablar con un hombre probo, podía ahorrarse el viaje, seguro de que no hallará ninguno. Bien es verdad que aún existen allí tres ancianos en quienes la edad antigua reprende a la moderna y a los jóvenes ya les parece que Dios tarda en llamarlos a mejor vida. Son Conrado de Palazzo, el buen Gherardo y Guido di Castello[110], a quien llaman al estilo francés el «lombardo honrado». Hoy día, la Iglesia de Roma, para reunir en sí los dos gobiernos, cae en el lodo ensuciándose a sí misma y a su carga.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker