Divina Comedia
Divina Comedia —¡Bendito seas, oh Grifo, que con tu pico no arrancaste su dulzura al fruto de este árbol, después que, por haberlo probado, se inclinó al mal el apetito humano[242]!.
Asà exclamaron todos alrededor del árbol robusto, y el animal de doble naturaleza respondió:
—De ese modo se conserva la semilla de toda justicia.
Y volviéndose al timón del que habÃa tirado, lo condujo al pie del árbol viudo de hojas, y dejó atado a él el carro que era de él[243]. Asà como nuestras plantas se ponen turgentes cuando la gran luz desciende mezclada con aquella que irradia detrás de los celestes Peces, y luego se reviste cada una con su propio color antes de que el Sol guÃe sus caballos bajo otra estrella, de igual modo se renovó el árbol cuyas ramas estaban antes tan desnudas, adquiriendo colores menos vivos que los de las rosas, pero más que los de las violetas[244]. Yo no pude entender, ni aquà abajo se canta, el himno que aquella gente entonó entonces, ni tampoco pude oÃr todo el canto hasta el fin, porque me quedé dormido. Si me fuera posible describir cómo se adormecieron aquellos despiadados ojos que tan cara pagaron su excesiva vigilancia oyendo las aventuras de Siringa[245], representarÃa, como un pintor que copia un modelo, el modo como me dormÃ; pero hágalo quienquiera que sepa representar bien el sueño.