Divina Comedia
Divina Comedia —Hemos salido fuera del mayor de los cuerpos celestes, para subir al Cielo, que es pura luz, luz intelectual, llena de amor; amor de verdadero bien, lleno de gozo; gozo superior a toda dulzura. Aquà verás una y otra milicia del ParaÃso y a una de ellas bajo aquel aspecto con que la contemplarás en el Juicio Final.
Como súbito relámpago que disipa las potencias visivas, privando al ojo de la facultad de distinguir los mayores objetos, asà me circundó una luz resplandeciente, dejándome velado de tal suerte con su fulgor que nada podÃa ver.
—El Amor que tranquiliza este cielo acoge siempre con semejante saludo al que entra en él, a fin de disponer al cirio para recibir su llama.
No bien hube oÃdo estas palabras, cuando me sentà elevar de un modo superior a mis fuerzas y adquirà una nueva vista de tal vigor, que no hay luz alguna tan brillante que no pudieran soportarla mis ojos. Y vi en forma de rÃo una luz áurea que despedÃa espléndidos fulgores entre dos orillas adornadas de admirable primavera. De este rÃo salÃan vivas centellas que por todas partes llovÃan sobre las flores, pareciendo rubÃes engastados en oro. Después, como embriagadas con aquellos aromas, volvÃan a sumergirse en el maravilloso caudal; pero si una entraba en él, otra salÃa.