Divina Comedia
Divina Comedia —A fin de que lleves a feliz término tu viaje, para lo cual me han movido el ruego y el amor santo, vuela con los ojos por este jardÃn, pues mirándolo se avivará más tu vista para subir hasta el rayo divino. Y la Reina del Cielo, por quien ardo enteramente de amor, nos concederá todas las gracias, porque yo soy su fiel Bernardo.
Como aquel que acaso viene a Roma desde lejanos paÃses para ver nuestra Verónica[230], y no se cansa de contemplarla a causa de su antigua fama, antes bien dice para sà mientras se la enseñan: «Señor mÃo Jesucristo, Dios verdadero, ¿era tal vuestro rostro?», lo mismo estaba yo mirando la viva caridad de aquel que, entregado a la contemplación, gustó en el mundo las delicias de que ahora goza.
—Hijo de la gracia —empezó a decirme—, no podrás conocer esta existencia dichosa mientras fijes los ojos solamente aquà abajo. Ve mirando los cÃrculos hasta el más remoto, a fin de que veas el trono de la Reina a quien está sometido y consagrado este reino.