Divina Comedia

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Levanté los ojos, y así como por la mañana la parte oriental del horizonte excede en claridad a aquella por donde el Sol se pone, del mismo modo, y dirigiendo la vista como el que va del fondo de un valle a la cumbre de un monte, vi en el más elevado círculo una parte del mismo que sobrepujaba en claridad a todas las otras; y así como allí donde se espera el carro que tan mal guió Faetón[231] más se inflama el cielo y fuera de aquel punto va perdiendo la luz su viveza, de igual suerte aquella llama de oro, bandera de paz, brillaba más en su centro, disminuyéndose gradualmente el resplandor de todas las demás partes. En aquel centro vi más de mil ángeles que la festejaban con las alas desplegadas, diferente cada cual en su esplendor y en su actitud. Ante sus juegos y sus cantos vi sonreír una beldad, que infundía el contento en los ojos de los demás santos. Aun cuando tuviera tantos recursos para decir como para imaginar, no me atrevería a expresar la más mínima parte de sus delicias,

Cuando Bernardo vio mis ojos atentos y fijos en el objeto de su ardiente amor, volvió los suyos también hacia la Virgen con tanto afecto, que infundió en los míos más ardor para contemplarla.



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