La Divina Comedia
La Divina Comedia Bajo tan bello cielo como cuento,
coronados de lirios, veinticuatro
ancianos avanzaban por parejas.
Cantaban: «Entre todas Benedicta
las nacidas de Adán, y eternamente
benditas sean las bellezas tuyas.»
Después de que las flores y la hierba,
que desde el otro lado contemplaba,
se vieron libres de esos elegidos,
como luz a otra luz sigue en el cielo,
cuatro animales por detrás venían,
de verde fronda todos coronados.
Seis alas cada uno poseía;
con ojos en las plumas; los de Argos
tales serían, si vivo estuviese.
A describir su forma no dedico
lector, más rimas, pues que me urge otra
tarea, y no podría aquí alargarme;
pero léete a Ezequiel, que te lo pinta
como él los vio venir desde la fría
zona, con viento, con nubes, con fuego;
y como lo verás en sus escritos,
tales eran aquí, salvo en las plumas;
Juan se aparta de aquel y está conmigo.
En el espacio entre los cuatro había,
sobre dos ruedas, un carro triunfal,
que de un grifo venía conducido.