La Divina Comedia
La Divina Comedia e igual medida culpa y duelo tengan.
No sólo por efecto de las ruedas
que a cada ser a algún final dirigen
según les acompañen sus estrellas,
mas por largueza de gracia divina,
que en tan altos vapores hace lluvia,
que no pueden mirarlos nuestros ojos,
ese fue tal en su vida temprana
potencialmente, que cualquier virtud
maravilloso efecto en él hiciera.
Mas tanto más maligno y más silvestre,
inculto y mal sembrado se hace el campo,
cuanto más vigorosa tierra sea.
Le sostuve algún tiempo con mi rostro:
mostrándole mis ojos juveniles,
junto a mí le llevaba al buen camino.
Tan pronto como estuve en los umbrales
de mi segunda edad y cambié de vida,
de mí se separó y se entregó a otra.
Cuando de carne a espíritu subí,
y virtud y belleza me crecieron,
fui para él menos querida y grata;
y por errada senda volvió el paso,
imágenes de un bien siguiendo falsas,
que ninguna promesa entera cumplen.
No me valió impetrar inspiración,
con la cual en un sueño o de otros modos