El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —¡Imposible, señor prefecto, imposible! —repitió con resolución—; yo tengo mi orden de continuar mi marcha para Cuautla, como que se trata de escoltar a un señor muy amigo del señor presidente, don Benito Juárez, que tiene que ir a México. Ya usted supondrá que cuando no he podido continuar la persecución de ese malvado ayer, y por causa de un robo y de asesinatos, menos he de poder entretenerme en ir a buscar a una muchacha por esos andurriales… ¡Bah!… ¡Bah!…, déjenos usted en paz, señora, ya se contentará la niña con el bandido ese, ¡no tiene remedio! ¡La tropa del gobierno no puede perder el tiempo en andar rescatando muchachas bonitas! Además, yo no conozco bien estos terrenos.
—Pero yo sà los conozco —dijo Nicolás—, y si el señor prefecto lo dispusiera, algunos amigos mÃos y yo acompañarÃamos a la tropa para guiarla y ayudarle en sus pesquisas.
—Pues si este muchacho tiene algunos amigos que lo acompañen, supongo que armados, ¿por qué no va él a hacer la persecución? —preguntó el comandante.