El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas Pero Nicolás era un hombre de otra especie. Indio, humilde obrero, él tenía, sin embargo, la conciencia de su dignidad y de su fuerza. Él sabía bien que valía, como hombre y como pretendiente, lo bastante para ser amado de Manuela. Su honradez inmaculada le daba un título; su posición, aunque mediana, pero independiente y obtenida merced a un trabajo personal, lo ennoblecía a sus ojos; su amor sincero, puro, que aspiraba a la dignidad conyugal y no a los goces pasajeros del deseo material, le hacían valorizarlo y estimarlo, como un tesoro que debía guardarse intacto.
En suma, él amaba tiernamente, con sumisión, pero con decoro, con pasión tal vez, pero con dignidad, y comprometer este decoro y esta dignidad en algún acto de humillación le habría parecido degradar su carácter y arrastrar por el suelo aquel sentimiento que él llevaba tan alto.