El Zarco. La Navidad en las montanas

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Entonces tenían un motivo más para estar alerta. El rapto de Manuelita debió haber causado gran alboroto en Yautepec. El herrero de Atlihuayan, hombre peligroso para los plateados, y que los odiaba de muerte, pretendiente desdeñado de la joven, debía haber puesto en alarma a los vecinos y a sus amigos de aquella hacienda. Era gran conocedor de aquellos terrenos, y muy audaz y muy valiente. Además ese día había llegado a Yautepec la caballería que había ido a perseguir a los asaltantes de Alpuyeca, y aunque los plateados sabían a qué atenerse respecto de la bravura de aquella tropa, nada extraño sería que animada por el odio del herrero y por la resolución de los vecinos, se hubiera determinado a atacarlos.

Ya hemos visto que la previsión de los bandidos no carecía de fundamento, y que lo que ellos temían se intento por Nicolás, aunque en vano, a causa de la cobardía del comandante.

Así es que la vigilancia se redobló en Xochimancas.

Salomé, el principal jefe de los plateados, había dicho, al oscurecer, al Zarco:



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