El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —SÃ, por causa de usted, y se lo voy a explicar. Me hirieron en Alpuyeca los gringos a quienes matamos. Yo los maté ¡vaya…! Yo fui quien sostuvo la pelea, mientras que el Zarco robaba los baúles; un gringo me dio un balazo con su pistola, que por poco me saca un ojo; pero al fin se murió él y se murieron todos los que lo acompañaban en clase de hombres. Pero el Zarco apenas nos dio la mano en lo fuerte de la pelea, y después de que ya estaban todos caÃdos y moribundos, fue cuando vino él y los mató cuando estaban rendidos, y mató a las mujeres y a los muchachos. SÃ, señor, asà fue. El Zarco es un lambrijo y una gallina, pero eso sÃ, se sacó todas las alhajas para llevárselas a usted y no nos dejó más que la ropa inútil, porque ¿para qué querÃamos eso? ¡Levitas, sacos, túnicos viejos, trapos de catrines! Y el Zarco se llevo lo mejor, después que nosotros triunfamos. ¡Está bueno! ¡Los gavilanes no chillan! Pero luego que vide a usted, dije: «¡Ora sÃ, me emparejé! Que se lleve el Zarco las alhajas, pero que nos deje a la güerita y estamos a mano».