El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas El que seguramente era el jefe se hallaba pie a tierra, teniendo su caballo de la brida, y parecÃa interrogar el horizonte en que se perdÃa el camino, en espera seguramente de alguno.
Estaba vestido del mismo modo que sus soldados, sólo que, en lugar de botas, tenÃa chaparreras de chivo amarillo y se hallaba abrigado con una especie de esclavina oscura.
A pocos momentos salió de la venta un sujeto ya de edad y bien vestido, que dirigiéndose a este jefe le preguntó:
—¿No parecen todavÃa, don MartÃn?
—¡Nada, ni su luz! —respondió éste.
Asà pues, aquel jefe era MartÃn Sánchez Chagollán, y aquélla era su tropa, uniformada, según los propósitos de su jefe, de color oscuro y sin ningún adorno, por odio a los plateados. También por odio a éstos habÃa determinado que los sombreros de sus soldados no tuviesen las faldas anchas, sino, al contrario, muy cortas y sin ningún galón.
MartÃn Sánchez veÃa con muy mal ojo a todo el que usaba el sombrero adornado de plata, y como sus sospechas iban haciéndose temibles, los sombreros sencillos y oscuros se estaban poniendo de moda por aquellos rumbos, porque eran una especie de salvaguardia.