El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —¿Qué hay, González? —le pregunté.
—Nada, mi capitán, sino que habiendo visto a unas personas que iban a caballo delante de nosotros, me avancé a reconocerlas y a tomar informes, y me encontré con que eran el cura del pueblo adonde vamos y su mozo, que vienen de una confesión y van al pueblo a celebrar la Nochebuena. Cuando les dije que mi capitán venÃa a retaguardia, el señor cura me mandó que viniera a ofrecerle de su parte alojamiento, y allà hizo alto para esperarnos.
—¿Y le diste las gracias?
—Es claro, mi capitán, y aun le dije que bien necesitábamos de todos sus auxilios, porque venimos cansados y no hemos encontrado en todo el dÃa un triste rancho donde comer y descansar.
—Y ¿qué tal? ¿Parece buen sujeto el cura?
—Es español, mi capitán, y creo que es todo un hombre.
—¡Español! —me dije yo— eso sà me alarma; yo no he conocido clérigos españoles más que jesuitas o carlistas, y todos malos. En fin, con no promover disputas polÃticas me evitaré cualquier disgusto y pasaré una noche agradable. Vamos, González, a reunimos al cura.
Diciendo esto, puse mi caballo a galope, y un minuto después llegamos adonde nos aguardaban el eclesiástico y su mozo.