El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas El cura se bajó también de su pobre caballejo, y me abrazó llorando y sorprendido de mi arranque de sincera franqueza. No podÃa hablar por su emoción y apenas pudo murmurar, al estrecharme contra su corazón:
—Pero, señor capitán… yo no merezco… yo creo que cumplo… Esto es muy natural; yo no soy nada… ¡qué he de ser yo! ¡Jesucristo! ¡Dios! ¡El pueblo!