El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —Sà —me dijo éste con aire tranquilo— ya lo sabrá usted esta noche; es una pequeña novela de aldea; un idilio inocente como una flor de la montaña; pero en el que se mezcla el sufrimiento que está atormentando dos corazones. Usted me ayudará a llevar a buen término el desenlace de esa historia esta misma noche.
—¡Oh! con mucho gusto; nada podrÃa halagar tanto mi corazón. También yo he amado y he sufrido —dije acordándome súbitamente de lo que habÃa olvidado durante tantas horas merced a los recuerdos de Navidad y a la conversación del cura—. ¡Yo también llevo en el alma un mundo de recuerdos y de penas! ¡Yo también he amado! —repetÃ.
—Es natural… —dijo también suspirando el cura, e inclinando con melancolÃa su frente pensadora, surcada por arrugas precoces.
Aquello me puso silencioso, y asà tomé asiento frente a un buen fuego que ardÃa en la humilde chimenea del saloncito.