El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —SÃ, tÃo; pero me habÃa dicho que serÃa hoy, y lo deseaba yo, porque usted recuerda que hoy hace tres años que se lo llevaron, y como me cree culpable, deseaba yo en este dÃa pedirle perdón… ¡Harto ha padecido el pobrecito!
—Amigo mÃo —dije yo al cura— ¿podrÃa usted decirme qué pena aflige a esta hermosa niña y por qué desea ver a esa persona? Usted me habÃa prometido contarme esto, y mi curiosidad está impaciente.
—¡Oh! es muy fácil —contestó el sacerdote— y no creo que ellas se incomoden. Se trata de una historia muy sencilla, y que referiré a usted en dos palabras, porque la sé por esta muchacha y por el mancebo en cuestión. Siéntense, hijas mÃas, mientras refiero estas cosas al señor capitán —añadió el cura, dirigiéndose a la señora y a Carmen, quienes tomaron asiento junto al alcalde.
—Pablo era un joven huérfano, de este pueblo, y desde su niñez habÃa quedado al encargo de una tÃa muy anciana, que murió hace cuatro años. El muchacho era trabajador, valiente, audaz y simpático, y por eso lo querÃan los muchachos del pueblo; pero él se enamoró perdidamente de esta niña Carmen, que es la sobrina del señor alcalde, y una de las jóvenes más virtuosas de toda la comarca.