El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —Pues ya ve usted, señora —contestó Nicolás amargamente—, que no era cierto, y que Manuelita me ha considerado más fastidioso que a los muchachos de Yautepec. Tanto que yo, teniéndole como le tengo tanto cariño y habiendo pensado tan seriamente casarme con ella, porque creÃa con nuestro matrimonio labrar su felicidad y la mÃa, naturalmente, no he podido ser insensible a sus desprecios constantes y me resolvà a alejarme para siempre de esta casa. Pero la consideración de que usted me tiene un afecto, de que estoy seguro; las órdenes de mi madre de que yo vele por ustedes, hoy que tanto se necesita del apoyo de un hombre en estos pueblos, me han hecho seguir importunando a ustedes con mi presencia, que de otro modo les habrÃa evitado.
—¿Importunándome a m� —preguntó conmovida y llorando doña Antonia.