El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —No, a usted no, señora; bien veo que usted me profesa amistad, que desearÃa usted mi bien y mi dicha, que si por usted fuera, yo serÃa el esposo de su hija. Yo no soy ingrato, señora, y crea usted que mientras viva yo me portaré con usted como un hijo reconocido y cariñoso, sin interés de nada y siempre que no sirva yo de obstáculo a la felicidad de Manuelita; pero lo decÃa yo por esta niña. Afortunadamente para ella, ya ustedes se van de aquÃ, de modo que no tendrá la mortificación de verme y yo tendré la satisfacción de ser útil a usted desde lejos. Haré todo lo que usted me encarga y le escribiré con frecuencia, dándole razón de la huerta y del estado que guarda este rumbo. Mañana, cuando venga la tropa del gobierno, yo también vendré a ver qué se les ofrece a ustedes, y aun las acompañaré cuando se vayan, hasta Morelos o hasta más allá si es necesario.