Corazón

Corazón

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Entretanto mi madre había acudido al jardín y acariciaba ora a uno ora a otro. Muchos le seguían, e incluso se le echaban encima para pedirle un beso, poniendo la carita hacia arriba, como si mirasen a un tercer piso, abriendo y cerrando la boca cual si pidieran de mamar. Uno le ofreció un gajo de naranja ya mordido; otro una cortecita de pan; una niña le dio una hoja, otra le enseñó muy seriecita la punta del dedo índice, donde, fijándose bien, podía verse una ampollita microscópica, que se había hecho el día anterior al tocar la llama de una vela. Le ponían ante los ojos, como grandes maravillas, insectos tan pequeños que no me explico cómo podían verlos y cogerlos, pedazos de tapón de corcho, botoncitos de camisa y florecitas cortadas de las macetas. Un niño con la cabeza vendada, que quería se le atendiese a toda costa, le balbuceó no sé qué historia de una voltereta, sin que se le entendiera lo más mínimo; otro quiso que mi madre se inclinase y le dijo al oído:

—Mi padre hace escobas.

Mientras tanto ocurrían por todas partes mil peripecias que obligaban a acudir a las maestras: niñas que lloraban porque no podían deshacer un nudo del pañuelo; otras que por dos semillas de manzana disputaban a gritos y se arañaban; un niño se había caído boca abajo sobre un banquito volcado, y lloraba por no poderse levantar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker