Corazón
Corazón —¡Pero yo estoy solo y necesito ayuda! —exclamó Marco en tono suplicante.
—Y a mí, ¿qué me importa? Demasiados pordioseros de tu tierra hay ya en Rosario. Vete a mendigar a Italia.
Y le dio con la puerta en las narices.
El chico se quedó petrificado.