Corazón
Corazón —Aquà no, desde luego —respondió—; ven a verlo.
Enseguida me llevó a una habitación en el interior del almacén, que servÃa de cocina y de comedor, con una mesa a un lado, donde habÃa libros y cuadernos y estaba el trabajo empezado.
—Precisamente aquà —dijo— he dejado en el aire la segunda respuesta: con el cuero se hacen zapatos, cinturones…; ahora añadiré maletas. —Y, tomando la pluma, se puso a escribir con su buena caligrafÃa.
—¿No hay nadie? —se oyó gritar en aquel instante a la entrada del almacén.
—Allá voy —respondió Coretti. Y saltó de allÃ. Pesó la leña, la cobró y corrió a un lado para apuntar la venta en un cuaderno. Después volvió a su trabajo escolar, diciendo:
—A ver si me dejan acabar el perÃodo. —Y escribió: bolsas de viaje y mochilas para los soldados.