Cantar de Valtario
Cantar de Valtario Los Ávaros[6], una vez confirmada la paz con los Francos, se detuvieron en un confín de su territorio. Atila entonces dirigió hacia Burgundia sus veloces riendas, y no tardó en seguir sus pasos el resto del ejército huno. Iban perfectamente formados en largas filas iguales, y gemía la tierra golpeada por los cascos de los caballos, y tronaba en lo alto el cielo temblando ante el estrépito de los escudos. Una selva de hierro resplandece tiñendo con su brillo los campos, como cuando al despuntar el alba el radiante sol golpea el mar y reverbera su fulgor en todas las playas del mundo. Ya han cruzado los hondos cauces del Saona y del Ródano, y toda la tropa se dispersa por el país en busca de botín.
Por aquel entonces tenía Heririco su corte en Chalon; de repente un centinela, levantando los ojos, grita:
—¿Qué nube surge allí con densa polvareda? Una hueste enemiga se acerca. ¡Cerrad todas las puertas!
Como el rey Heririco sabía ya lo que habían hecho los Francos, reunió a todos sus barones y les dijo:
