Cantar de Valtario
Cantar de Valtario —Si un pueblo tan valiente como el de Francia, con el que no podemos parangonarnos, se rindió a Panonia, ¿con qué valor creéis que vamos a presentarles batalla y a defender la dulce patria? Mejor es concertar una alianza con ellos y pagarles un tributo. Entrego también sin vacilación a mi única hija como rehén, mirando por nuestro país. Hagámoslo pronto para concluir el tratado.
Parten los embajadores, despojados de sus espadas, y transmiten al enemigo lo que el rey les había ordenado; piden que cesen los saqueos. Atila, el caudillo, los recibió benévolamente, como tenía por costumbre, y les dijo:
—Más deseo alianzas que hacer la guerra por doquier. Los Hunos prefieren reinar en paz, pero no dudan en aplastar, aun forzando su talante, a los que se muestran rebeldes. Que venga vuestro rey y estrecharé la diestra que me tiende.
Salió a su encuentro luego Heririco con innumerables tesoros, y concertó el pacto, y dejó a su hija como rehén. Marchó, pues, al destierro la gema más preciosa de sus padres.
