Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Entonces hizo llamar a los ancianos para que cambiaran de sitio el sarcófago. Prepararon en el jardín de la casa el marco para las nupcias. Se encendieron largas velas y se colgaron ricos cortinajes. La viuda se vistió de brocado y de seda y se adornó artificiosamente con joyas —el traje de luto ya hacía tiempo que había dejado de ponérselo—. Así que lo único que pudo hacer el príncipe fue aceptar. Le hizo una reverencia, se dirigieron ambos al lugar de la ceremonia y bebieron el vino nupcial.
En el momento en que querían retirarse a dormir, el príncipe dio un grito y se cayó de la cama. La mujer le abrazó tiernamente y le preguntó qué le pasaba, pero el príncipe era incapaz de articular una palabra con el dolor que sentía.
El anciano respondió por él: «Mi señor padece desde hace tiempo de un soplo de corazón. Un médico conocido le ha prescrito una extraña receta. Hay que darle a beber el cerebro de un hombre vivo disuelto en vino, y entonces mejora. En una ocasión en que tuvo una crisis, el rey de Tschu le hizo preparar la medicina con un malhechor que habían juzgado. Pero ¿cómo vamos a encontrar un cerebro? ¡Mi amo está acabado! ¿Qué hacer?, ¿qué hacer?».
La mujer repuso: «¿Sirve el cerebro de un muerto?».