Cuentos Chinos
Cuentos Chinos «Si no está muerto desde hace más de cinco semanas —respondió el anciano—, puede utilizarse».
«Mi marido se ha muerto no hace aún catorce dÃas —dijo la mujer—. ¿Y si abrimos el sarcófago y lo cogemos?».
«Me temo que no queráis hacerlo», le replicó el anciano.
«Quiero tanto al prÃncipe, que darÃa mi vida por él —respondió la mujer—. ¡Qué me importa ese esqueleto muerto!».
Entonces llevó al anciano para que se ocupara del prÃncipe, mientras que ella por su parte cogió un hacha y se dirigió a la parte posterior de la casa. Puso la lámpara a su lado, agarró el hacha con ambas manos y la blandió en la tapa de la caja. Cuando estuvo abierta, oyó a Dschuang Dsi llorar quedamente. La mujer perdió el sentido con el miedo y cayó, y el hacha junto a ella. Dschuang Dsi atravesó la puerta del jardÃn. Logró volver a la mujer en sÃ, y le secó el sudor de la frente. Ella le siguió a la casita del jardÃn. El prÃncipe y su criado habÃan desaparecido.