Cuentos Chinos

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Ella intentó convencerle con sus palabras: «Desde que te moriste no he hecho más que pensar en ti, día y noche. Antes oí un ruido dentro del ataúd y pensé para mí que antiguamente se oía, que ya entonces había ocurrido, que el muerto volviera a la vida. Por eso cogí un hacha y abrí tu ataúd. ¡Estás realmente vivo! ¡Me siento felicísima!». Dschuang Dsi le repuso: «¡Muchas gracias por tu bondad! ¡Aunque no te ha durado mucho el luto en el vestido! Estás vestida de seda y terciopelo».

«Contaba con tener suerte al abrir el ataúd. Por eso me he puesto el traje de fiesta, me he adornado y me he quitado el luto como signo de buen augurio».

«¿Y por qué no está entonces el sarcófago en el sitio de honor? —continuó diciendo Dschuang Dsi—, esto seguro que no corresponde a un buen augurio».

La mujer empezó a titubear y enrojeció. Pero Dschuang Dsi hizo que trajeran vino y empezó a beber. La mujer le daba mil buenas razones de quedarse junto a él, pero Dschuang Dsi se emborrachó y cantó unos versos:

Ahora estoy libre de toda obligación

así querías las cosas, ¡y así son!

Si contigo me quedare,

el cráneo habrías de golpearme.

Luego se echó a reír a carcajadas y le dijo: «Voy a mostrarte a tu nuevo marido».


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