Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Mientras hablaba, sacó la carta y se la dio al rey, que, en cuanto la hubo leído, se secó los ojos con la manga de la túnica y dijo con un gemido: «Todo esto sucede por culpa mía. Le he elegido un mal marido. Quise casar muy pronto a mi hija y he hecho que caiga allá lejos la desgracia y la vergüenza sobre ella. Vos sois un extraño y habéis estado a su lado en la necesidad; os estoy profundamente agradecido». Luego volvió a ponerse a sollozar y todos los presentes vertieron lágrimas. El rey dio entonces la carta a un servidor, que la llevó al interior del palacio. Un poco más tarde, se oyeron allí fuertes lamentos.
El rey tuvo miedo y se dirigió al funcionario: «Vete a decirles a los de dentro que no lloren tan alto; me temo que Tsián Tang pueda oírlos».
«¿Y quién es Tsián Tang?», preguntó Liu I.
«Es mi querido hermano —le respondió el rey—. Antes era el señor del río Tsián Tang. Ahora ha sido sustituido».
Liu I le dijo: «¿Por qué no puede enterarse del asunto?».