Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Entonces mandó que trajeran vino y comida, para agasajar al huésped. Cuando la copa había dado tres vueltas se levantó un susurrante viento de zafiro mientras caía una fina lluvia. Un jovencito vestido de púrpura y con un sombrero de pico entró. En el costado llevaba una espada, tenía mirada de hombre y de héroe. Detrás de él iba una muchacha de belleza radiante, vestida con un velo de niebla. Cuando él la vio, se dio cuenta de que era la princesa dragón, que se había encontrado en su camino. Un montón de muchachas vestidas de rojo la precedían entre risas y sonrisas en su entrada al palacio. El señor se presentó al joven y dijo: «Éste es Tsián Tang, mi hermano».
Tsián Tang le dio las gracias por haberles llevado la misiva. Luego se dio la vuelta hacia su hermano y le dijo: «He luchado con los dragones locos y los he vencido a todos».
«¿A cuántos has matado?».
«A seiscientos mil».
«¿Los campos recibieron daño?».
«Se estropearon ochocientas millas».
«¿Y dónde está ese esposo sin corazón?».
«Me lo he comido».
Entonces el rey, preocupado, dijo: «Lo que había hecho ese muchacho disipado no era para perdonarle. ¡Pero comértelo crudo! En el futuro no vuelvas a hacer algo así». Tsián Tang lo prometió.