Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Miró a una bruja después de haber hablado y le dijo: «¡Vete tú!». La bruja titubeaba; entonces Ies ordenó a sus criados que la cogieran y la arrojaran al río. Luego pasó una hora larga.
«Esta mujer no sabe resolver el asunto —volvió a decir Si-Men—, si no ya haría rato que estaría aquí». Miró a un mago y continuó: «¡Ve y hazlo mejor!». El mago perdió los colores del miedo; pero Si-Men ordenó que lo cogieran y lo arrojaran al río. Volvió a pasar otra media hora.
Entonces se movió, inquieto. «Esos dos no saben resolver el asunto —dijo—, y dejan a la novia que espere olvidándose de ella». Volvió a mirar a un mago y le dijo: «¡Vete a buscarles!». El mago se echó a sus pies y le pidió clemencia, y también el resto de magos y brujas se arrodillaron en fila delante de él y le rogaron que Ies perdonara. Juraron que nunca más buscarían esposa para el dios del río.
Entonces Si-Men los tomó prisioneros y envió a la muchacha de vuelta a su hogar. Y aquel lugar fue liberado para siempre.