Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Hace muchísimo tiempo vivió un anciano que se marchó a recorrer el mundo. En su casa no quedó más que su única hija y un caballo blanco. Ella daba de comer a diario al caballo. En su soledad sentía nostalgia de su padre.
Una vez habló en broma con su caballo: «Si me traes a mi padre de vuelta, me casaré contigo». Apenas había terminado de oír estas palabras, el caballo se soltó y se marchó. Siguió andando hasta que llegó al lugar en que se encontraba el padre. El padre se sorprendió agradablemente de ver al caballo, lo cogió y se montó en su lomo. El caballo se volvió por el camino por el que había venido y galopó sin descanso.
«¿Qué le pasa al caballo? —se preguntó el padre—. Seguramente ha ocurrido algo en casa».
Por eso le dejó sueltas las riendas y él siguió galopando.
Puesto que el caballo se había portado tan bien, tuvo una magnífica comida. Pero el caballo no comió nada y cuando vio a la muchacha se abalanzó sobre ella y quiso morderla. El padre se extrañó y le preguntó el porqué a la muchacha. Su hija le contó todo lo que había ocurrido.
«No se te ocurra decirle a nadie una palabra —le dijo su padre—, porque en caso contrario, van a hablar mal de nosotros».
