Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Cuando Dung hubo oído todo esto, tuvo mucho miedo.
Dos años más tarde, recibió la orden de ir a Taianfu a celebrar una fiesta de ladrones. Pensó para sus adentros: «Mi amigo el espíritu debe de ser muy poderoso para haber sabido con tanta antelación de este viaje. Tengo que informarme sobre él, quizá me lo encuentre cara a cara».
Cuando hubo llegado a Taianfu se puso a buscar un albergue.
El fondista lo recibió con estas palabras: «¿Sois vos el señor Dung y venís de la bahía de Kiautschou?».
«Ése soy yo —respondió Dung, asombrado—. ¿De qué me conoces?».
El fondista le respondió: «Ayer por la noche se me apareció el esbirro del templo de la montaña y me dijo: “Mañana vendrá de la bahía de Kiautschou un hombre llamado Dung, que es un buen amigo mío”. Luego me describió exactamente vuestro físico y vuestro traje y me dijo que le escuchara con atención y que cuando llegarais debería trataros con respeto y de ninguna manera cobraros, que él me pagaría cumplidamente. Cuando os vi llegar, todo coincidía exactamente con mi sueño, por eso os reconocí. Ya he preparado un cuarto tranquilo para vos y os ruego que me sigáis».