Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Habían pasado otros siete años y el niño iba creciendo. No tenía ningún interés por los estudios; le encantaba atrapar a los pájaros. El viejo Wang seguía teniendo buena salud y estando robusto. Ya tenía más de ochenta años y con el tiempo su amor a los crisantemos había ido aumentando.
Un día en que Ma se había vuelto a levantar pronto y estaba de pie apoyado en la ventana, estaba el viejo Wang en el balcón y regaba los crisantemos. El joven Li estaba en el piso superior de su casa y hacía volar a sus palomas. De repente algunas palomas se fueron volando al borde de la florida terraza. El muchacho temió que se marcharan volando de allí y las llamó varias veces. Las palomas no se movieron. El muchacho no sabía qué hacer; cogió unos guijarros y se los lanzó. Sin querer, le dio al viejo Wang. El viejo se asustó, se resbaló y se cayó del balcón. Pasaba el tiempo y el anciano no se levantaba. Estaba caído con las piernas extendidas. El muchacho se asustó al verlo. Sin decir nada, cerró calladamente la ventana y se marchó. El sol ya estaba alto y todos los hijos y nietos vinieron a buscar al anciano. Al encontrarlo dijeron; «Se ha resbalado y se ha muerto de la caída». Y le saludaron de la forma en que era costumbre hacerlo.