Cuentos Chinos

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Pero como sus seguidores no tenían nada que comer, le insistieron para que volviera a llamar a los espíritus, y Dschu lo intentó otra vez. Vino un espíritu y dijo: «Soy uno de los espíritus del agua del mar del Oeste. Allí hay una pagoda a cuyos pies se encuentra un pozo de piedra; al oeste del pozo está la tumba de un hombre rico. Podéis abrirla y encontraréis mil monedas de plata». Dschu se alegró mucho y se fue hacia allí con sus compañeros con la azada al hombro. Buscaron por todas partes el pozo de piedra sin encontrarlo. Mientras iban buscando, Ies llegó una especie de voz, que Ies susurraba en los oídos: «¿No hay un pozo allí, bajo el sauce al oeste de la pagoda?». Miraron en aquella dirección y encontraron un pozo seco y cegado. Cavaron a un profundidad de tres o cuatro pies y encontraron un sarcófago de piedra de un tamaño enorme. Aunque toda la banda hacía enormes esfuerzos, no podían levantarla. Entonces se dijeron: «En el monasterio de la calma hay un bonzo que tiene una fórmula mágica con la que puede hacer flotar en el aire las barras de acero. Si la recita cien veces aquí, el sarcófago se abrirá solo».






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