Cuentos Chinos
Cuentos Chinos En la época del emperador Tang existió un poderoso caballero que se llamaba Go Schu Han. En su juventud vivió en Sianfu. Su mujer se había muerto de una enfermedad. Pero como él la había amado mucho, colocó su ataúd en la habitación del oeste y no queriendo separarse de ella, dormía él también en el mismo cuarto. A media noche, la luz de la luna entraba en la habitación y el suelo brillaba como si estuviera cubierto de nieve. Go Schu Han se acostó suspirando y no podía conciliar el sueño.
De repente se abrió la puerta y entró un monstruo; era un ogro. Medía unos diez pies de altura, llevaba pantalones de piel de leopardo, tenía dientes de sierra y sus cabellos revoloteaban. A sus pies iban siguiéndole tres demonios, con cadenas de perlas que bailaban a la luz de la luna.
Iban diciéndose unos a otros: «El que está en la cama será un hombre famoso. ¿Qué tenemos que hacer?».
El segundo dijo: «Ya está durmiendo».
Después cogieron el ataúd y lo sacaron al patio. Le ataron las manos, sacaron el cadáver y lo desgarraron; luego se sentaron en un círculo y empezaron a comérselo. Todo el suelo se llenó con las salpicaduras de sangre, y las vestiduras de seda volaron en jirones.
