Cuentos Chinos
Cuentos Chinos El joven pensó para sus adentros que ya tenía una prometida en casa. Pero como estaba sin comida y tenía frío, dijo a todo que sí. El anciano reunió a todos los de la casa. Se preparó una cámara nupcial y allí condujeron al hombre. La esposa ya estaba allí. Era de un físico hermoso y parecía una muchacha buena.
La noche era tranquila y todo estaba en calma. Ambos se encontraban sentados tímidamente uno junto a otro y no sabían qué decir. La muchacha se sentó alejada con la cabeza entre las manos y lloraba con un llanto inconsolable y fuerte. El joven estaba cansado del viaje y se durmió enseguida. Al primer canto del gallo se despertó y vio a la muchacha, que seguía sentada aparte.
«Es tarde, la noche es fría —le dijo él—, ¿no quieres echarte y descansar?».
La muchacha se puso colorada de vergüenza y dijo entre lágrimas: «Éste es un mal matrimonio. No debéis tener piedad de mí».
Entonces le contó todo lo que ocurría y añadió: «Cuando os vi tan joven y hermoso, no pude soportar llevaros a la muerte, prefiero morir yo».
Le preguntó también por su nombre y por el lugar en que vivía, todo ello con exactitud. Cuando el día empezaba a despuntar, le dio dinero y le hizo darse prisa en marcharse. Y así es como él volvió a casa.