Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Unos dos años más tarde, la muchacha cayó enferma de lepra. Los padres se enfadaron y la echaron de casa. La muchacha pensó: «Voy a ver al joven otra vez y después moriré».
Se puso en camino arrastrando su enfermedad. Durante el día mendigaba la comida en pueblos y caseríos, y por la noche buscaba reposo en cuevas y cavernas. Escaló montañas y cruzó ríos. Durante meses se arrastró con el cansancio en el alma. Al final llegó a Kuilin. Buscó la casa del joven, lo llamó por su nombre y pidió verlo. El guardián de la puerta le dijo enfadado que siguiera su camino y ella se desmoronó llorando delante de la puerta.
Cuando el joven había vuelto a casa, se había aplicado duramente a los estudios y ya había aprobado el primer examen. Por entonces los padres habían elegido una fecha favorable para la boda. Al día siguiente tendría lugar el matrimonio. Los parientes y los conocidos se habían reunido para ayudar con los preparativos de la fiesta. El padre había hecho preparar una comida de fiesta para los invitados.
Cuando el joven se estaba sentando a la mesa, oyó el ruido y las llamadas a la puerta, salió a mirar lo que ocurría y vio a la muchacha con el rostro cubierto de ampollas de pus, que se estaban abriendo, con las pupilas sin brillo, la nariz colgante, los labios distendidos y una voz ronca. La miró asustado sin reconocerla.